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viernes, 4 de octubre de 2019

Pueblo en siesta

"Ahora que padeces de insomnio, quisieras morir de siesta."

Enrique Bunbury


lunes, 17 de diciembre de 2018

lunes, 16 de octubre de 2017

Villanueva de la Serena, una ciudad viva.


El otoño se acerca con muy poco ruido:
apagadas cigarras, unos grillos apenas,
defienden el reducto
de un verano obstinado en perpetuarse,
cuya suntuosa cola aún brilla hacia el oeste.

Se diría que aquí no pasa nada,
pero un silencio súbito ilumina el prodigio:
ha pasado
un ángel
que se llamaba luz, o fuego, o vida.

Y lo perdimos para siempre.

Ángel González

viernes, 9 de junio de 2017

Discreta primavera


Eres tan cursi hija
que no hay por dónde cogerte.
Hasta en febrero cuando estás desnuda eres cursi,
adornada de odas y vergeles no digamos.
Primavera,
más que cantarte te han hecho la viñeta ciertos poetas sin agua;
pero a pesar de todo te defiendo,
porque haces retoñar ese geranio,
que se me seca siempre en el invierno.

Primavera (Gloria Fuertes)


jueves, 19 de enero de 2017

DENSA QUIETUD


Una de las primeras entradas que hice en el blog el 4 de Junio 2010, he decidido ir recuperando alguna.
 Calle de Magacela (Badajoz)

Hay nublados inciertos en la tardía tarde de agosto, y las angostas calles de Magacela se desperezan y ven que todo sigue igual, gozan del tranquilo discurrir del tiempo y el viajero que curioso pasea entre sus calles, siente el bochorno en su piel, por un momento se detiene y perezoso prepara sus ojos para disfrutar de un paisaje, particular aunque no venga en las guías de carretera, desde Magacela,el balcón de la Serena.

Texto: Pedro Maximiano Cascos




viernes, 30 de octubre de 2015

El cerro que era una montaña

                                                                 http://www.turismoextremadura.com/
Foto portada del libro

VI Encuentro de blogueros de Extremadura, en el que he tenido el honor de participar.

“No muevas una montaña, por quien no mueve una piedra por ti”. José recordaba esas palabras que resonaban en su cabeza, se las había dicho su mejor amigo días antes de morir en una habitación de hospital. Era alguien que había movido montañas y recibido pedradas. La pedrada de mayor acierto, un cáncer que venía con billete de ida y sin retorno. José Llevaba varios días por Villanueva de la Serena, a partir del tercero ya se había acostumbrado a una nueva rutina, que sólo admitía leves variaciones. Se levantaba a la salida del sol y tras asearse con celeridad un breve paseo de veinte minutos, volvía a casa y desayunaba mientras veía la televisión sin interés y pensaba en el helado que tomaría en Los Valencianos, le agradaba ese lugar. Tras el helado vagaba sin rumbo, intentando organizar el caos de sus pensamientos, que vagaban mucho más libres y desenfrenados que él mismo, como si no le pertencieran. Eran esos pensamientos como los vicios de lo que habla un proverbio chino, que llegan como invitados, se quedan como huéspedes y terminan como dueños y a José nunca le habían gustado los dueños, ni ser dueño de nadie. En cuanto su vista alcanzaba el cerro de Magacela, era un imán para sus ojos, aquello para él no era un cerro o una colina, le parecía majestuoso y misterioso, como un lugar en el que sin estar, hubiera estado antes. Aquello era la montaña, pronunciada esa palabra mon-ta-ña con delicadeza, sintiéndola, recreando a la par que la dices, su imagen poderosa, de atracción, como si fuese un lugar de redención, de aura mística, el fin de algo, el principio de otro algo. Magacela no es el techo del mundo, pero José sentía cada vez más la necesida de pisar ese lugar, subir a esa cima y para un ateo como él, pensar que podía creer en algo más fuerte que su propia naturaleza, ahora que todo se derrumba.
Una noche veraniega de intenso bochorno, de esas noches largas que provocan cansancio y mal humor. José se levanta y va hacia el cuarto de baño, se refresca la cara más que lavarse. Se fija en una en una moneda de dos euros que se dejado en el lavabo, mira su reverso, es italiana, ahí aparece Francesco Petrarca. Recuerdo cuando había leído que Petrarca había subido por el puro placer y curiosidad el mont ventoux, una montaña en la provenza francesa, un 26 de Abril de 1336 en compañía de otros(lejos aún en el tiempo de ser santuario ciclista), dicen que quería disfrutar de las vistas. Para algunos ahí nació el alpinismo. José cree que lo debió hacer movido por otros motivos, pero que seguro que se los guardo para él, si era poeta, que lo era y de los buenos, seguro que sabía guardar bajo siete llaves lo que se debe guardar y poner a salvo. En la mente de José, entre la duermevela y el sopor que da el cansancio, sólo aparecieron dos nombres, Laura y Magacela, Magacela y Laura, ese cerro que era montaña, Laura, la amada de Petrarca a la que cantó. Dos oscuros objetos del deseo, y ya se sabe que para algunos la mejor manera de evitar una tentación es caer en ella. José en aquel momento era de esos.
Antes de llegar el alba. José ya pisaba tierra con sus viejas zapatillas deportivas. Caminaba con ritmo pausado, alzando la cabeza de vez en cuando hacia lo alto, y allí estaba, parecía cercana esa montaña, pero lejana e inalcanzable, como cualquier deseo. Se sentía rejuvenecer, no era ese hombre de casi medio siglo, que evitaba mirarse en los espejos. Volvía a ser por momentos ese muchacho soñador, de carácter inquieto y confiado, que creía el mundo como un gran banquete al que si bien no te invitaban, podías colarte con facilidad, craso error, las mesas están numeradas y hace falta invitación. De vez en cuando aceleraba un poco el paso, y parecía que Magacela se alejaba, era un deseo esquivo, que se deja mirar, pero al acercarte se aleja. Paró en el camino, se dejó sentar sobre una roca que parecía dispuesta para la ocasión, quemaba un poco, bebió un poco de agua fresca y miró a Magacela.Pensó en Petrarca y en su amada Laura y él recordó a Delia, la compañera con la que estuvo en octavo de E.G.B, ella ya era toda una señorita, y él un imberbe alocado unas veces y otras alicaído, y cuando estaba así, de esa manera, ella se fijaba en él y le preguntaba “Oye niño ¿Qué te pasa?, qué cara de pena, ni que se te haya muerto el gato” para algunos eso era ser una fresca, a José por entonces le agradaba que se fijará en él, aunque fuese de esa manera y hubiera en ella más burla que interés sincero, durante una tarde entera delante de un espejo ensayo caras de pena, no se le dio del todo mal, llegó a conseguir entablar algunas vacías conversaciones que le llevaron a escribir incompletos poemas de amor a los que no supo como poner fin. Echó a caminar de nuevo y recordó como Delia se casó con su mejor amigo, un bodorio por todo lo alto y luna de miel en concordancia. En el entierro de su mejor, no reconoció a nadie de los escasos asistentes. Ni falta que hacía pensó, a hacer puñetas tantos recuerdos. Miró de nuevo a Magacela, el sol de ese día venía con fuerza, se alivió bebiendo otro trago, ese día iba a ser de calor, de esos que en la comarca de La Serena hasta los lagartos van con cantimplora. Si viviera, a su mejor amigo le hubiese gustado ese paseo, siempre que podía iba a Gredos, José nunca fue con él, con ellos en verdad, no quería ver a Delia. Sin quererlo, sin poder evitarlo Delia y su mejor amigo poblaban de nuevo su cabeza, mientras tanto subía Magacela casi sin darse cuenta, sin esfuerzo aparente, movido por una fuerza que el propio José no sabe de donde vino, aquella mañana, no deambulaba, su caminar tenía un rumbo, una cima en la que aposentarse. Llegó a lo alto y vió un viejo cementerio que le dio un escalofrío, pensó que era un presagio, se tomó las pulsaciones y no notó nada raro,contempló el paisaje calmado desde allí, todo era el azul del cielo despejado y el ocre de las tierras en verano, algún olivar u otro árbol que desde allí sólo en eran manchas que su ojo apenas distinguía. Se tumbó en el suelo y cerró los ojos, pensó que estaba en el techo del mundo, lo pensó,pensó, pensó y sintió frío en un día de verano que venía serio como diría cualquiera de por allí.

Texto: Pedro Maximiliano Cascos

La ruta que yo he propuesto para el libro, es la que va desde Villanueva de la Serena (Badajoz), hasta Magacela.
Duración: 2 horas Ruta senderista de fácil realización entre Villanueva de la Serena y Magacela. Se trata de es un camino característico por terrenos de siembra con impresionantes vistas desde la lejanía del castillo de Magacela. Cada año y coincidiendo con la luna llena del mes de agosto, se organiza una conocida marcha nocturna que recorre esta bonita ruta. Transporte Público (Inicio): Estación de Autobúses - Renfe




sábado, 11 de abril de 2015

Atardecer

Siento mi corazón en la dulzura
fundirse como ceras:
son un óleo tardo
y no un vino mis venas,
y siento que mi vida se va huyendo
callada y dulce como la gacela.

 Atardecer (Gabriela Mistral-Atardecer)




jueves, 26 de junio de 2014

ALUMBRAMIENTO



Foto premiada con el tercer premio del concurso de fotos de la Asociación fotográfica Asociación Fotográfica de Extremadura(extrefotos)


Primero abrí los ojos para deslumbrarme
de luces blancas como leche reciente,
de luces blancas como nieve herida.

Después cerré los ojos para ver si existe
un sol dentro de mí que deslumbrara
inundándolo todo de agua viva.

Acaso así volverán a ser nuevas
todas las horas de mis pensamientos,
todas las estaciones de mis días

Pablo Guerrero (Tiempo que espera)


domingo, 10 de febrero de 2013

La pámpana

En su paciencia descansa la hoja,

 que aguarda su caída, a la tierra
 que ella ha dado sombra.
En su rama la mece el viento y el tiempo la derrota,
más no del todo.
Tras una muerte, una vida.
Para la tierra antes sombra,
ahora comida.


Texto: Pedro Maximiano Cascos
Foto: Ana Manotas Cascos


Tiembla el rocío

y las hojas moradas

y un colibrí.

Mario Benedetti.

viernes, 9 de noviembre de 2012

CON MIS VIEJAS BOTAS


     
    Cada vez que me calzó las viejas botas, sé que me espera un día feliz en el campo, con sol, niebla o una pertinaz llovizna,  he pasado jornadas en La Moheda a la espera de cazar la instantánea deseada con mi cámara de fotos. Involuntarias modelos son para mí las grullas, que acostumbradas a mi presencia, siguen con sus quehaceres diarios ajenas a mi trajín con la cámara, mido luz y cojo foco con el aparatoso teleobjetivo que llevo, observo con detenimiento, alguna grulla se incomoda, mira de reojo y levanta el vuelo un poco más allá, donde se posa. El día amaneció soleado, pero en poco tiempo han ido apareciendo nubes, que no han llegado para descansar, caen las primeras gotas mientras guardo el teleobjetivo y la cámara. Con las nubes, me ha venido una nueva idea. Saco mi vieja Nikon, quiero sentirme como un fotógrafo a la antigua usanza. Camino despacio, con sigilo, pero todo silencio es poco en la dehesa, las grullas levantan el vuelo, apunto y disparo con la cámara, me gusta cómo suena ese clic, lo estaba echando de menos. Varios clics después me marchó, la lluvia no cesa y el frío se avecina. Poco después al revelarlo, quedé satisfecho como hacía tiempo no lo estaba con mis fotografías. Allí estaban las grullas, una secuencia de fotos desde que levantaban el vuelo hasta que se perdían en el horizonte. Así es su vuelo, tenaz y constante, como la de los grandes corredores de fondo.

Textos: Pedro Maximiano Cascos
Fotos: Ana Manotas Cascos




domingo, 13 de mayo de 2012

Fuera del hogar

Me gustaría dedicar esta entrada a mi pueblo Campanario (Badajoz), y a toda su gente.

Lo que nos espera
El camino que veo desde la puerta de mi hogar, parece tranquilo y transitable, pero bajo su suelo es sorprendente y nadie sabe lo que aguarda. Mi corazón parece tranquilo y deseoso de paz, pero bajo mi pecho, galopa desbocado y quiere dejar el hogar sin preguntar el porqué. Mis pasos su funden con el camino, dejó atrás el hogar, mi corazón me empuja, presiento y huelo la tormenta. ¡Quiero tormentas, oír su rugido, palpar el camino con mis pies, necesito la luz del rayo, que me ilumine lo que no me ver la luz del apacible día!.

Camino incierto




Atrapacielos

lunes, 5 de marzo de 2012

SOBRE AMARGAS CENAS


    Mucho se ha escrito y se ha oído sobre amargas cenas y reinas moras, es agradable para el imaginario colectivo tener sus propias leyendas, poseer lo propio, que vaya pasando de generación en generación como las joyas de la familia, para sacarlas a relucir en las ocasiones apropiadas. Pero ha de hacerse saber, para quienes desconozcan sobre tan peculiar pueblo de la Serena, que desde tiempos remotos la historia y el devenir de hombres y mujeres ha ido dejando su impronta en tierras de Magacela, ora en forma de pinturas rupestres, dólmenes o antiquísimos cementerios, a los que han ido acompañando fortalezas árabes que han servido de balcón y torreón vigía de esta comarca extremeña que nos ocupa. Desde lo alto del  cerro de Magacela, dentro de su castillo, se puede ver en días claros una buena parte de la comarca, un terreno ondulado rodeado de sierras, bajo el amparo de limpios cielos que se pueblan de estrellas en las noches de verano, siempre y cuando el tiempo acompañe. Hace unos veranos, dos o tres años atrás, no recuerdo demasiado bien, acompañe a visitar Magacela a unos familiares que habían venido a pasar unos días al pueblo, venía con nosotros un niño de cinco años y viva imaginación, una imaginación que se debió sentir espoleada  entre las callejas empinadas de Magacela, era como si aquel niño hubiese entrado de lleno en alguna de esas películas de animación repletas de fantasía que tanto le encandilaban, para todo aquello estaba lleno de princesas, caballeros y magos, briosos corceles y dragones que de un momento a otro debían de llegar y posarse sobre el castillo. Pasamos una buena y larga tarde veraniega. Ya en el coche, de vuelta a casa, el niño miraba con atención por la ventana de atrás, observando la silueta de la sierra sobre la que se asienta Magacela. Su viva imaginación dedujo que ese pueblo de princesas estaba hecho sobre un enorme dragón que dormía por el encantamiento de un mago, y que algún día despertaría y echaría a volar. Puede ser, pero no creo que vuele más que la imaginación de aquel niño.

Texto: Pedro Maximiano Cascos
Fotos: Ana Manotas Cascos



sábado, 18 de febrero de 2012

EL PEQUEÑO SULTÁN

"Esta foto la puse al principio de crear el blog, he decidido reeditar algunos de los retratos e ir poniendolos poco a poco"



!Cómo buscamos el amparo!, cuando se siente el miedo y no sabemos el porque, y tras los interrogantes de ese porque surge un nuevo miedo que nos empuja y nos muestra un abismo bajos nuestros pies...un vértigo, un miedo, un vértigo,un....demasiado para este pequeño sultán que busca donde apoyarse, y que le quedan muchos días de disfrute y sonrisa limpia, ojalá no le llega ese miedo que consigo trae abismos.

Texto: Pedro Maximiano Cascos
Foto:   Ana Manotas Cascos

sábado, 28 de enero de 2012

LA CONSAGRACIÓN DE LA PRIMAVERA

        Amenazaba la tarde a descargar un aguacero,  idéntico al del día anterior,  pero necesitaba salir a pasear antes de que me subiera por las paredes. Me proveí del paraguas de mayor envergadura que tenía en mi apartamento y salí a caminar. Eran los primeros días de Abril, y si el sol salía, los alrededores de Don Benito se llenan de paseantes, unos pasean y disfrutan del paisaje o de la conversación, otros caminan ligeros en pos de una meta que sólo cada cual  conoce la suya. Por mi parte, es a menudo la inquietud y una corazonada la que me lleva a caminar hasta el arroyo Pantoja, estar allí un momento, dar una vuelta a mi alrededor, para después volver sobre mis pasos. Hace unos años en ese mismo lugar murió en mis brazos sin que nada pudiera hacer, una persona que no viene al caso mencionar, hubo algo que me quiso contar y murió en su último suspiro. De vez en cuando vuelvo, sobre todo cuando los días anteriores ha llovido, y nuestros pasos dejan buena impronta sobre los caminos, huellas de nuestros pasos, que cuentan mucho sobre nosotros. Una corazonada me empuja a volver a ese lugar, a ver si veo las huellas de diminutos pies, aparece por allí y termina de decirme lo que me quiso decir.

Texto: Pedro Maximiano Cascos
Imagenes: Ana Manotas Cascos



jueves, 27 de octubre de 2011

OTRO DÍA QUE SE DESPIDE

Esta entrada se la quiero dedicar a mi tía María Cascos, que nació y murio en el barrio de la Laguna. Su barrio.

Otro día que se despide, sin más remedio. Cada vez detesto más a los relojes, con sus agujas circulando a toda prisa, anunciando lo que ya sabemos. Cada atardecer sobre la Laguna de Campanario es diferente, como cada pulso no es igual al anterior. Pero ambos nos hablan de lo mismo, del discurrir de la vida. A veces mirando estos atardeceres me lleno de gozo, otras en cambio es tanta la nostalgia que me marcho antes de que anochezca y pienso como será ese último atardecer que verán mis ojos sobre la Laguna.

Texto: Pedro Maximiano Cascos
Fotos: Ana Manotas Cascos







viernes, 14 de octubre de 2011

El espantapájaros que quiso ser Travolta


    A todos nos gusta jugar a ser lo que no somos, sólo hace falta desinhibirse y no temer al ridículo. A este espantapájaros también, ¿por qué no?. No sé donde habrá podido ver a John Travolta y sus contoneos, pero desde luego este es un espantapájaros de "Fiebre del sábado noche". ¿Se imaginan a este espantapájaros entrando de hurtadillas en un cine de verano a ver al hortera de Travolta?. Tal vez sólo sea casualidad, y este pobre moñigote-dicho con todo el cariño.-haya pensado que hartado de la misma pose, esta nueva sea mejor para cumplir su cometido. ¿Quién sabe?,igual un hastiado creativo de Hollywood, pasó cerca y se le encendió la bombillita. Tampoco el espantapájaros le iba a pedir derechos de autor. Por cierto, el cereal merma en los campos, los pájaros también se acostumbran a los ritmos discotequeros.

Texto: Pedro Maximiano Cascos
 Foto: Ana Manotas Cascos

Fiebre del sabado noche

sábado, 17 de septiembre de 2011

El vuelo de las golondrinas


Volvieron las oscuras golondrinas,
anidaron en el abandono,
dieron vida a la soledad anodina,
pero a ti.. a ti no te perdono.

Más paz me han dado estos pequeños pájaros, que algunos de mis prójimos, ellos dan vida y alegría. Nosotros nos mermamos unos a otros, nos quitamos y nos devoramos. Razón llevaba Séneca, cuando afirmó que el hombre era un lobo para el hombre. Quién fuera golondrina, ligero pájaro sin lastre sobre la tierra, que cuentan alivió de espinas a Jesús en la cruz.
Texto: Pedro Maximiano Cascos
Fotos: Ana Manotas Cascos

AGAZAPADA
ORFEÓN GOLONDRIANARRA



viernes, 2 de septiembre de 2011

Cualquier tiempo pasado....

Magacela (Bádajoz) . Quería dedicar esta entrada a Ines, Alcaldesa de Magacela, y a Beatriz, Concejala, por su amabilidad y por invitarme a estas bonitas fiestas.

Lejana nos queda la Edad Media, mucho ha llovido y secado, mucho se ha sufrido y se ha vivido. Pero pasado el tiempo y con la distancia que dan los años (enorme distancia), recrear lo que no se ha vivido, nos sirve a las personas como válvula de escape a lo cotidiano, que en el mejor de los casos nos aburre. No deja de ser el mercadillo medieval un teatro en la calle, un agradable punto de encuentro, diferente a lo habitual, donde sacamos algo de nosotros que no hemos sacado .La imaginación sale a pasear en los calurosos días de verano. 

Textos: Pedro Maximiano Cascos
Fotos: Ana Manotas Cascos

Alegría de Oriente en Occidente

El caldero mágico