Antonia camina cada día hacia el
mercado, con parsimonia, sabedora de que poca emoción depara el día, salvo si
viene de visita algún día los nietos y trastocan su rutina con su bullicio que
a ella llena de alegría. Ese camino del mercado, camina aún más despacio, para
con regularidad y moviendo las aletas de su nariz huele el aire, lo
examina con su olfato en busca de algo concreto, el lejano olor de campo que es
testigo de la plenitud de la primavera. En su memoria viaja muchos años atrás,
con ese mismo olor, cuando llegaba junto a otras niñas y alborozadas entraban
en el patio del colegio de monjas, saltaban a la comba o jugaban a la
pizarraya, mientras esperaban a recibir la catequesis para ir preparadas a su
primera comunión.
-Toñi, ¿Qué es para ti Jesús?. Preguntaba la monja a la cándida Toñi de ocho
años, que se sonrojaba.
Se me ha ido el rubor de las mejillas, pensaba Antonia, Toñi quedó atrás y no
hay que la encuentre.
-!!Toñi!!. Gritó una chica joven, Antonia se giró, una niña vestida de comunión
y acompañada de un fotográfo, se acercó a la chica y se besaron, ambas tenían
el color en sus mejillas, sería por el calor de ese mes de Mayo. Antonia siguió, se le hacía tarde y no quería encontrarse cerrado el mercado.
Texto: Pedro Maximiano Cascos
Foto: Ana Manotas Cascos