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| Donde habita el agua |
Allí donde se pierde el horizonte parece nacer el cielo, cada día uno nuevo, distinto al anterior, algunos puede que parecidos, pero si estamos ojo avizor podremos percibirnos de que nunca ha habido dos cielos iguales sobre la Siberia extremeña. Paraíso aún sin mancillar, puede y debe hacer las delicias de fotógrafos y amantes de la naturaleza. Si en alguna persona confluyen estas dos pasiones, está de enhorabuena, cuando pise la Siberia puede que haya amor a primera vista, y que esas cursis mariposas revoleteen por su estómago durante tiempo.
En 1926 bajo la dictadura de Primo de Rivera, hubo en algunos medios una campaña a favor de esta comarca, queriendo limpiar su nombre y fama. En un principio el término Siberia aludía a algo peyorativo, atraso e incomunicación. Cuando se hablaba de Siberia, el imaginario popular se iba a esas tierras rusas, que si bien pocos habían visitado, la sola palabra evocaba una inhóspita soledad. De pueblos desperdigados y mal comunicados hablaban los comerciantes y visitantes de antaño. Pero estos pueblos lejos de sentirse ofendidos han adoptado el nombre como identidad propia y le han dado su apellido, la Siberia extremeña, ni mejor ni peor que la de Rusia, pero diferente y con personalidad propia, la que le confieren sus paisajes aún por descubrir y una naturaleza sin quebrar. Todo ello bajo el manto de unos cielos únicos que se suceden unos a otros tras cada día, cuando es su turno, pactado entre Cronos y Gaia.
Textos: Pedro Maximiano Cascos
Textos: Pedro Maximiano Cascos
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| El agua invasora |
| La niebla |

