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viernes, 14 de junio de 2024
"VIAJE AL CENTRO DE LA TIERRA"
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lunes, 13 de mayo de 2024
Villanueva de la Serena, una ciudad donde vivir.
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martes, 24 de septiembre de 2019
TEMPUS FUGIT
No volveré a ser joven
Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.
Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
-envejecer, morir, eran tan solo
las dimensiones del teatro.
Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir.
Jaime Gil de Biedma
(Poemas póstumos, 1968)
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lunes, 17 de diciembre de 2018
El otoño que se va
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jueves, 1 de febrero de 2018
Perspectivas de nuevos horizontes
-¿A quién quieres más, hombre enigmático, dime, a tu padre, a tu madre, a tu hermana o a tu hermano?
-Ni padre, ni madre, ni hermana, ni hermano tengo.
-¿A tus amigos?
-Empleáis una palabra cuyo sentido, hasta hoy, no he llegado a conocer.
-¿A tu patria?
-Ignoro en qué latitud está situada.
-¿A la belleza?
-Bien la querría, ya que es diosa e inmortal.
-¿Al oro?
-Lo aborrezco lo mismo que aborrecéis vosotros a Dios.
-Pues ¿a quién quieres, extraordinario extranjero?
-Quiero a las nubes..., a las nubes que pasan... por allá.... ¡a las nubes maravillosas!
El extranjero (Charles Baudelaire)
-Ni padre, ni madre, ni hermana, ni hermano tengo.
-¿A tus amigos?
-Empleáis una palabra cuyo sentido, hasta hoy, no he llegado a conocer.
-¿A tu patria?
-Ignoro en qué latitud está situada.
-¿A la belleza?
-Bien la querría, ya que es diosa e inmortal.
-¿Al oro?
-Lo aborrezco lo mismo que aborrecéis vosotros a Dios.
-Pues ¿a quién quieres, extraordinario extranjero?
-Quiero a las nubes..., a las nubes que pasan... por allá.... ¡a las nubes maravillosas!
El extranjero (Charles Baudelaire)
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lunes, 16 de octubre de 2017
Villanueva de la Serena, una ciudad viva.
El otoño se acerca con muy poco ruido:
apagadas cigarras, unos grillos apenas,
defienden el reducto
de un verano obstinado en perpetuarse,
cuya suntuosa cola aún brilla hacia el oeste.
Se diría que aquí no pasa nada,
pero un silencio súbito ilumina el prodigio:
ha pasado
un ángel
que se llamaba luz, o fuego, o vida.
Y lo perdimos para siempre.
Ángel González
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martes, 10 de octubre de 2017
Cruce de trenes (de la serie estaciones y trenes)
(...) Y ha seguido días y días, loca, frenética, en el enorme tren vacío, donde no va nadie, que no conduce nadie.
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viernes, 29 de septiembre de 2017
Paseo por Villanueva de la Serena
Una ciudad viva, la ciudad que elegir para vivir.
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| Plaza de España |
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| Plaza de España |
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| Parque De los Conquistadores |
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Villanueva de la Serena
jueves, 31 de agosto de 2017
Conspirando juegos
Estoy tan agradecido de haber vivido mi infancia antes de que la tecnología invadiera nuestras Vidas..
(La frase la encontre por internet y no pone de quien es)
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miércoles, 31 de mayo de 2017
Villanueva una ciudad viva
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viernes, 24 de marzo de 2017
UN PLACER PERDERSE
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miércoles, 2 de noviembre de 2016
Villanueva de la Serena, una ciudad viva.
La significación de las plazas abiertas en medio de la ciudad, hoy se las emplea muy poco para las grandes fiestas públicas, y cada vez menos en el uso diario, siendo con frecuencia su fin único, procurar más aire y luz, interrumpir la monotonía de la masa de casas, y quizá hacer resaltar plenamente algún edificio monumental, permitiendo su libre contemplación.
Camilo Sitte
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Villanueva de la Serena
viernes, 21 de octubre de 2016
Las fiestas del barrio
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FERIA DEL PILAR,
Villanueva de la Serena
jueves, 31 de diciembre de 2015
Feliz 2016 desde Villanueva de la Serena.
“En este Nuevo Año rodéate de todo aquello que te haga feliz y despréndete de todo aquello que te haga llorar. ¡Feliz 2016!” (Anónimo)
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viernes, 18 de diciembre de 2015
Feliz Navidad
Pienso que la Navidad es una fiesta necesaria; necesitamos un aniversario durante el cual podamos lamentar todas las imperfecciones de nuestras relaciones humanas. Es la fiesta del fracaso, triste pero consoladora.
Graham Greene
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sábado, 28 de noviembre de 2015
¿Que hay detras de la niebla?
La niebla (Stephen King)
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viernes, 20 de noviembre de 2015
La estación
Vivir cerca de una estación te cambia completamente la vida. Tienes la impresión de estar de paso. Nada es definitivo jamás. Un día u otro te subes a un tren.
Patrick Modiano
viernes, 30 de octubre de 2015
El cerro que era una montaña
http://www.turismoextremadura.com/
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| Foto portada del libro |
VI Encuentro de blogueros de Extremadura, en el que he tenido el honor de participar.
“No muevas una montaña, por quien no mueve una piedra por ti”. José recordaba esas palabras que resonaban en su cabeza, se las había dicho su mejor amigo días antes de morir en una habitación de hospital. Era alguien que había movido montañas y recibido pedradas. La pedrada de mayor acierto, un cáncer que venía con billete de ida y sin retorno. José Llevaba varios días por Villanueva de la Serena, a partir del tercero ya se había acostumbrado a una nueva rutina, que sólo admitía leves variaciones. Se levantaba a la salida del sol y tras asearse con celeridad un breve paseo de veinte minutos, volvía a casa y desayunaba mientras veía la televisión sin interés y pensaba en el helado que tomaría en Los Valencianos, le agradaba ese lugar. Tras el helado vagaba sin rumbo, intentando organizar el caos de sus pensamientos, que vagaban mucho más libres y desenfrenados que él mismo, como si no le pertencieran. Eran esos pensamientos como los vicios de lo que habla un proverbio chino, que llegan como invitados, se quedan como huéspedes y terminan como dueños y a José nunca le habían gustado los dueños, ni ser dueño de nadie. En cuanto su vista alcanzaba el cerro de Magacela, era un imán para sus ojos, aquello para él no era un cerro o una colina, le parecía majestuoso y misterioso, como un lugar en el que sin estar, hubiera estado antes. Aquello era la montaña, pronunciada esa palabra mon-ta-ña con delicadeza, sintiéndola, recreando a la par que la dices, su imagen poderosa, de atracción, como si fuese un lugar de redención, de aura mística, el fin de algo, el principio de otro algo. Magacela no es el techo del mundo, pero José sentía cada vez más la necesida de pisar ese lugar, subir a esa cima y para un ateo como él, pensar que podía creer en algo más fuerte que su propia naturaleza, ahora que todo se derrumba.
Una noche veraniega de intenso bochorno, de esas noches largas que provocan cansancio y mal humor. José se levanta y va hacia el cuarto de baño, se refresca la cara más que lavarse. Se fija en una en una moneda de dos euros que se dejado en el lavabo, mira su reverso, es italiana, ahí aparece Francesco Petrarca. Recuerdo cuando había leído que Petrarca había subido por el puro placer y curiosidad el mont ventoux, una montaña en la provenza francesa, un 26 de Abril de 1336 en compañía de otros(lejos aún en el tiempo de ser santuario ciclista), dicen que quería disfrutar de las vistas. Para algunos ahí nació el alpinismo. José cree que lo debió hacer movido por otros motivos, pero que seguro que se los guardo para él, si era poeta, que lo era y de los buenos, seguro que sabía guardar bajo siete llaves lo que se debe guardar y poner a salvo. En la mente de José, entre la duermevela y el sopor que da el cansancio, sólo aparecieron dos nombres, Laura y Magacela, Magacela y Laura, ese cerro que era montaña, Laura, la amada de Petrarca a la que cantó. Dos oscuros objetos del deseo, y ya se sabe que para algunos la mejor manera de evitar una tentación es caer en ella. José en aquel momento era de esos.
Antes de llegar el alba. José ya pisaba tierra con sus viejas zapatillas deportivas. Caminaba con ritmo pausado, alzando la cabeza de vez en cuando hacia lo alto, y allí estaba, parecía cercana esa montaña, pero lejana e inalcanzable, como cualquier deseo. Se sentía rejuvenecer, no era ese hombre de casi medio siglo, que evitaba mirarse en los espejos. Volvía a ser por momentos ese muchacho soñador, de carácter inquieto y confiado, que creía el mundo como un gran banquete al que si bien no te invitaban, podías colarte con facilidad, craso error, las mesas están numeradas y hace falta invitación. De vez en cuando aceleraba un poco el paso, y parecía que Magacela se alejaba, era un deseo esquivo, que se deja mirar, pero al acercarte se aleja. Paró en el camino, se dejó sentar sobre una roca que parecía dispuesta para la ocasión, quemaba un poco, bebió un poco de agua fresca y miró a Magacela.Pensó en Petrarca y en su amada Laura y él recordó a Delia, la compañera con la que estuvo en octavo de E.G.B, ella ya era toda una señorita, y él un imberbe alocado unas veces y otras alicaído, y cuando estaba así, de esa manera, ella se fijaba en él y le preguntaba “Oye niño ¿Qué te pasa?, qué cara de pena, ni que se te haya muerto el gato” para algunos eso era ser una fresca, a José por entonces le agradaba que se fijará en él, aunque fuese de esa manera y hubiera en ella más burla que interés sincero, durante una tarde entera delante de un espejo ensayo caras de pena, no se le dio del todo mal, llegó a conseguir entablar algunas vacías conversaciones que le llevaron a escribir incompletos poemas de amor a los que no supo como poner fin. Echó a caminar de nuevo y recordó como Delia se casó con su mejor amigo, un bodorio por todo lo alto y luna de miel en concordancia. En el entierro de su mejor, no reconoció a nadie de los escasos asistentes. Ni falta que hacía pensó, a hacer puñetas tantos recuerdos. Miró de nuevo a Magacela, el sol de ese día venía con fuerza, se alivió bebiendo otro trago, ese día iba a ser de calor, de esos que en la comarca de La Serena hasta los lagartos van con cantimplora. Si viviera, a su mejor amigo le hubiese gustado ese paseo, siempre que podía iba a Gredos, José nunca fue con él, con ellos en verdad, no quería ver a Delia. Sin quererlo, sin poder evitarlo Delia y su mejor amigo poblaban de nuevo su cabeza, mientras tanto subía Magacela casi sin darse cuenta, sin esfuerzo aparente, movido por una fuerza que el propio José no sabe de donde vino, aquella mañana, no deambulaba, su caminar tenía un rumbo, una cima en la que aposentarse. Llegó a lo alto y vió un viejo cementerio que le dio un escalofrío, pensó que era un presagio, se tomó las pulsaciones y no notó nada raro,contempló el paisaje calmado desde allí, todo era el azul del cielo despejado y el ocre de las tierras en verano, algún olivar u otro árbol que desde allí sólo en eran manchas que su ojo apenas distinguía. Se tumbó en el suelo y cerró los ojos, pensó que estaba en el techo del mundo, lo pensó,pensó, pensó y sintió frío en un día de verano que venía serio como diría cualquiera de por allí.
Texto: Pedro Maximiliano Cascos
La ruta que yo he propuesto para el libro, es la que va desde Villanueva de la Serena (Badajoz), hasta Magacela.
Duración: 2 horas Ruta senderista de fácil realización entre Villanueva de la Serena y Magacela. Se trata de es un camino característico por terrenos de siembra con impresionantes vistas desde la lejanía del castillo de Magacela. Cada año y coincidiendo con la luna llena del mes de agosto, se organiza una conocida marcha nocturna que recorre esta bonita ruta. Transporte Público (Inicio): Estación de Autobúses - Renfe
La ruta que yo he propuesto para el libro, es la que va desde Villanueva de la Serena (Badajoz), hasta Magacela.
Duración: 2 horas Ruta senderista de fácil realización entre Villanueva de la Serena y Magacela. Se trata de es un camino característico por terrenos de siembra con impresionantes vistas desde la lejanía del castillo de Magacela. Cada año y coincidiendo con la luna llena del mes de agosto, se organiza una conocida marcha nocturna que recorre esta bonita ruta. Transporte Público (Inicio): Estación de Autobúses - Renfe
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VI encuentro de blogeros de Extremadura,
Villanueva de la Serena
Ubicación:
Villanueva de la Serena, Badajoz, España
lunes, 12 de octubre de 2015
Oveja perdida
Las ovejas son como un pedazo de almohada con un perro dentro, y ese tener tanta lana por todas partes es lo que produce a las ovejas tanto sueño y tanto aburrimiento. Pero en verano llega un hombre con unas tijeras y le quita a la oveja la almohada que tiene por encima y se la lleva a su casa. Entonces solo se ve el perro y hace feísimo.
Miguel Mihura
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viernes, 12 de junio de 2015
Mirando el genero (Serie Mercados)
"Yo había entrado en ese mercado miles de veces de la mano de mi madre, casi siempre por la puerta lateral, que era la más cercana a nuestra casa. Había caminado junto a ella entre los puestos de fruta y verdura, de las pescaderías, de las carnicerías, de los puestos donde vendían las vísceras de los animales, los hígados, los corazones, las tripas, donde cuando era pequeño todavía vendían
carne de caballo, escuchando las voces de los que pregonaban su mercancía y hacían que el edificio entero fuera como una enorme caja de resonancia, las de las mujeres que discutían con los de los puestos porque ese pescado no parecía muy fresco o porque les había colado una manzana tocada o porque las judías blancas que se llevaron la última vez tenían bichos"
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