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viernes, 30 de octubre de 2015

El cerro que era una montaña

                                                                 http://www.turismoextremadura.com/
Foto portada del libro

VI Encuentro de blogueros de Extremadura, en el que he tenido el honor de participar.

“No muevas una montaña, por quien no mueve una piedra por ti”. José recordaba esas palabras que resonaban en su cabeza, se las había dicho su mejor amigo días antes de morir en una habitación de hospital. Era alguien que había movido montañas y recibido pedradas. La pedrada de mayor acierto, un cáncer que venía con billete de ida y sin retorno. José Llevaba varios días por Villanueva de la Serena, a partir del tercero ya se había acostumbrado a una nueva rutina, que sólo admitía leves variaciones. Se levantaba a la salida del sol y tras asearse con celeridad un breve paseo de veinte minutos, volvía a casa y desayunaba mientras veía la televisión sin interés y pensaba en el helado que tomaría en Los Valencianos, le agradaba ese lugar. Tras el helado vagaba sin rumbo, intentando organizar el caos de sus pensamientos, que vagaban mucho más libres y desenfrenados que él mismo, como si no le pertencieran. Eran esos pensamientos como los vicios de lo que habla un proverbio chino, que llegan como invitados, se quedan como huéspedes y terminan como dueños y a José nunca le habían gustado los dueños, ni ser dueño de nadie. En cuanto su vista alcanzaba el cerro de Magacela, era un imán para sus ojos, aquello para él no era un cerro o una colina, le parecía majestuoso y misterioso, como un lugar en el que sin estar, hubiera estado antes. Aquello era la montaña, pronunciada esa palabra mon-ta-ña con delicadeza, sintiéndola, recreando a la par que la dices, su imagen poderosa, de atracción, como si fuese un lugar de redención, de aura mística, el fin de algo, el principio de otro algo. Magacela no es el techo del mundo, pero José sentía cada vez más la necesida de pisar ese lugar, subir a esa cima y para un ateo como él, pensar que podía creer en algo más fuerte que su propia naturaleza, ahora que todo se derrumba.
Una noche veraniega de intenso bochorno, de esas noches largas que provocan cansancio y mal humor. José se levanta y va hacia el cuarto de baño, se refresca la cara más que lavarse. Se fija en una en una moneda de dos euros que se dejado en el lavabo, mira su reverso, es italiana, ahí aparece Francesco Petrarca. Recuerdo cuando había leído que Petrarca había subido por el puro placer y curiosidad el mont ventoux, una montaña en la provenza francesa, un 26 de Abril de 1336 en compañía de otros(lejos aún en el tiempo de ser santuario ciclista), dicen que quería disfrutar de las vistas. Para algunos ahí nació el alpinismo. José cree que lo debió hacer movido por otros motivos, pero que seguro que se los guardo para él, si era poeta, que lo era y de los buenos, seguro que sabía guardar bajo siete llaves lo que se debe guardar y poner a salvo. En la mente de José, entre la duermevela y el sopor que da el cansancio, sólo aparecieron dos nombres, Laura y Magacela, Magacela y Laura, ese cerro que era montaña, Laura, la amada de Petrarca a la que cantó. Dos oscuros objetos del deseo, y ya se sabe que para algunos la mejor manera de evitar una tentación es caer en ella. José en aquel momento era de esos.
Antes de llegar el alba. José ya pisaba tierra con sus viejas zapatillas deportivas. Caminaba con ritmo pausado, alzando la cabeza de vez en cuando hacia lo alto, y allí estaba, parecía cercana esa montaña, pero lejana e inalcanzable, como cualquier deseo. Se sentía rejuvenecer, no era ese hombre de casi medio siglo, que evitaba mirarse en los espejos. Volvía a ser por momentos ese muchacho soñador, de carácter inquieto y confiado, que creía el mundo como un gran banquete al que si bien no te invitaban, podías colarte con facilidad, craso error, las mesas están numeradas y hace falta invitación. De vez en cuando aceleraba un poco el paso, y parecía que Magacela se alejaba, era un deseo esquivo, que se deja mirar, pero al acercarte se aleja. Paró en el camino, se dejó sentar sobre una roca que parecía dispuesta para la ocasión, quemaba un poco, bebió un poco de agua fresca y miró a Magacela.Pensó en Petrarca y en su amada Laura y él recordó a Delia, la compañera con la que estuvo en octavo de E.G.B, ella ya era toda una señorita, y él un imberbe alocado unas veces y otras alicaído, y cuando estaba así, de esa manera, ella se fijaba en él y le preguntaba “Oye niño ¿Qué te pasa?, qué cara de pena, ni que se te haya muerto el gato” para algunos eso era ser una fresca, a José por entonces le agradaba que se fijará en él, aunque fuese de esa manera y hubiera en ella más burla que interés sincero, durante una tarde entera delante de un espejo ensayo caras de pena, no se le dio del todo mal, llegó a conseguir entablar algunas vacías conversaciones que le llevaron a escribir incompletos poemas de amor a los que no supo como poner fin. Echó a caminar de nuevo y recordó como Delia se casó con su mejor amigo, un bodorio por todo lo alto y luna de miel en concordancia. En el entierro de su mejor, no reconoció a nadie de los escasos asistentes. Ni falta que hacía pensó, a hacer puñetas tantos recuerdos. Miró de nuevo a Magacela, el sol de ese día venía con fuerza, se alivió bebiendo otro trago, ese día iba a ser de calor, de esos que en la comarca de La Serena hasta los lagartos van con cantimplora. Si viviera, a su mejor amigo le hubiese gustado ese paseo, siempre que podía iba a Gredos, José nunca fue con él, con ellos en verdad, no quería ver a Delia. Sin quererlo, sin poder evitarlo Delia y su mejor amigo poblaban de nuevo su cabeza, mientras tanto subía Magacela casi sin darse cuenta, sin esfuerzo aparente, movido por una fuerza que el propio José no sabe de donde vino, aquella mañana, no deambulaba, su caminar tenía un rumbo, una cima en la que aposentarse. Llegó a lo alto y vió un viejo cementerio que le dio un escalofrío, pensó que era un presagio, se tomó las pulsaciones y no notó nada raro,contempló el paisaje calmado desde allí, todo era el azul del cielo despejado y el ocre de las tierras en verano, algún olivar u otro árbol que desde allí sólo en eran manchas que su ojo apenas distinguía. Se tumbó en el suelo y cerró los ojos, pensó que estaba en el techo del mundo, lo pensó,pensó, pensó y sintió frío en un día de verano que venía serio como diría cualquiera de por allí.

Texto: Pedro Maximiliano Cascos

La ruta que yo he propuesto para el libro, es la que va desde Villanueva de la Serena (Badajoz), hasta Magacela.
Duración: 2 horas Ruta senderista de fácil realización entre Villanueva de la Serena y Magacela. Se trata de es un camino característico por terrenos de siembra con impresionantes vistas desde la lejanía del castillo de Magacela. Cada año y coincidiendo con la luna llena del mes de agosto, se organiza una conocida marcha nocturna que recorre esta bonita ruta. Transporte Público (Inicio): Estación de Autobúses - Renfe




13 comentarios:

  1. Un placer ver tus fotografías y leer los textos de tu primo Pedro Maximiliano, como siempre.

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  2. Mi más sincera enhorabuena por esta publicación y esa portada que, desde luego, es un pedazo de fotografía!!!...envidiables el resto de imágenes que aportas y esas rutas que, para los que como yo gustamos del senderismo, es todo un atractivo!!!

    Un fuerte abrazo, Ana...y de nuevo, felicidades amiga!!! ;)

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  3. Enhorabuena por la publicación y la preciosa ruta que nos aportas. La imagen de portada es excelente.
    Me siguen encantando los textos, como siempre.
    Abrazos.

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  4. Enhorabuena Ana por la publicación de tu foto en un libro y además de tu querida Extremadura, debes estar en una nube.

    Te lo mereces.

    Muchos besos.

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  5. Gran entrada Ana y enhorabuena una vez más por tu participación en el nuevo libro.
    Me consta que quedaron maravillados con tus fotografías y a alguno de los asistentes les trajo gratos recuerdos.
    Bss.

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  6. Sin comentarios. Me quito el sombrero ante tanto arte. Bsos.

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  7. La verdad es que cualquiera de las cuatro imágenes que aportas bien podrían haber sido la portada del libro por que la verdad es que ami me gustan y mucho todas ellas. Buen trabajo !!
    ahh !! I Felicidades por esa portada !! siempre esta bien que le publiquen a uno alguna imagen pero si es en libro ya es total !!
    Salutacions i cuida´t !!

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  8. Magníficas fotografías Ana! Extremadura me parece una region extraordinaria, que vale la pena visitarla.
    un abrazo fuerte amiga

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  9. Excelente el texto y la ruta que nos propones y que tengo el gusto de conocer personalmente, en cuanto a las fotografias, todas excelentes, la primera es una composicion muy buena como lo es tambien la ultima que ademas cuenta con un precioso cielo y luz,saludos.

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  10. Acertadísimos. Muchas gracias por esa maravilosa portada que nos has ofrecido a todos. Besos.

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