Mostrando entradas con la etiqueta Galicia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Galicia. Mostrar todas las entradas
viernes, 5 de septiembre de 2025
“Deslizándose por la historia”
En la plaza silenciosa de Combarro, las piedras guardan siglos de historia, mientras dos patinetes trazan su propio presente sobre el damero antiguo.
Etiquetas:
2024,
Combarros,
Galicia,
Ricoh españa,
Ricoh GRIIIX
Ubicación:
24715 Combarros, León, España
martes, 22 de octubre de 2024
“Ecos de la Plaza: Pasado y Futuro”
En el transcurso de un simple paseo, una plaza se convierte en el escenario donde el tiempo parece detenerse. Un hombre mayor avanza con calma, mientras detrás de él, un niño curioso sigue sus pasos. Las palomas, testigos voladores, trazan círculos entre ambos, creando un puente invisible entre dos generaciones. El pasado y el futuro se encuentran en un mismo espacio, unidos por la quietud de la rutina y la promesa de lo que vendrá.
Ubicación:
Pontevedra, España
domingo, 2 de agosto de 2015
Mar distante
Mar distante
Si no es el mar, sí es su imagen,
su estampa, vuelta, en el cielo.
Si no es el mar, sí es su voz
delgada,
a través del ancho mundo,
en altavoz, por los aires.
Si no es el mar, sí es su nombre
es un idioma sin labios,
sin pueblo,
sin más palabra que ésta:
mar.
Si no es el mar, sí es su idea
de fuego, insondable, limpia;
y yo,
ardiendo, ahogándome en ella.
(Pedro Salinas)
Si no es el mar, sí es su imagen,
su estampa, vuelta, en el cielo.
Si no es el mar, sí es su voz
delgada,
a través del ancho mundo,
en altavoz, por los aires.
Si no es el mar, sí es su nombre
es un idioma sin labios,
sin pueblo,
sin más palabra que ésta:
mar.
Si no es el mar, sí es su idea
de fuego, insondable, limpia;
y yo,
ardiendo, ahogándome en ella.
(Pedro Salinas)
![]() |
| Costa la Morte (Playa Reira, entre Camariñas y Camelle) |
lunes, 27 de septiembre de 2010
LA COSTA DE LA MUERTE (GALICIA)
CABO VILAN
Al final de un verano de trabajo en pleno Madrid, a los que son gallegos y a los que no, la morriña junto con el cansancio nos hace acto de presencia, demasiado presente. Mi amiga Laura que es gallega y a la que conocí sirviendo mesas en las terrazas, me invitó a conocer su tierra. El día que pisé por primera vez la Costa de la muerte, pensé que en un lugar tan bonito y apacible ese nombre poco podía encajar, lo comenté con Laura, y ella me empezó a narrar historias de marineros con trágico final. A medida que avanzaba la tarde y mientras aún paseábamos las nubes fueron poblando el cielo y el viento ganando en fuerza, el que avisa no es traidor me dijo Laura y aligerando el paso nos dirigimos a un faro cercano. Laura conocía al hombre encargado de aquel faro, se llamaba Manuel. Comenzaron a caer las primeras gotas, muy frías y desagradables, la puerta de la pequeña casa junto al faro se abrió, Manuel nos había visto llegar y hospitalariamente nos recibía. Era un hombre ya de sesenta años, alto y delgado, amable sin efusividades, pero que transmitía serenidad, buena cualidad para un ocasional anfitrión en medio de aquella tormenta que se avecinaba. Nos sirvió unas copitas de un aguardiente casero que hacía en sus ratos libres y nos contó su vida curiosa y fabulosa, era hijo de madre soltera y decía creyéndolo con firmeza que era hijo de Poseidón. Laura escuchaba con respeto la vida que nos contaba, fabulaba sobre su vida, era un gran narrador entretenía y entusiasmaba si seguías su juego, Manuel en algunas cosas era como la Costa de la muerte, seductor e impredecible.
TEXTOS: PEDRO MAXIMIANO CASCOS
Al final de un verano de trabajo en pleno Madrid, a los que son gallegos y a los que no, la morriña junto con el cansancio nos hace acto de presencia, demasiado presente. Mi amiga Laura que es gallega y a la que conocí sirviendo mesas en las terrazas, me invitó a conocer su tierra. El día que pisé por primera vez la Costa de la muerte, pensé que en un lugar tan bonito y apacible ese nombre poco podía encajar, lo comenté con Laura, y ella me empezó a narrar historias de marineros con trágico final. A medida que avanzaba la tarde y mientras aún paseábamos las nubes fueron poblando el cielo y el viento ganando en fuerza, el que avisa no es traidor me dijo Laura y aligerando el paso nos dirigimos a un faro cercano. Laura conocía al hombre encargado de aquel faro, se llamaba Manuel. Comenzaron a caer las primeras gotas, muy frías y desagradables, la puerta de la pequeña casa junto al faro se abrió, Manuel nos había visto llegar y hospitalariamente nos recibía. Era un hombre ya de sesenta años, alto y delgado, amable sin efusividades, pero que transmitía serenidad, buena cualidad para un ocasional anfitrión en medio de aquella tormenta que se avecinaba. Nos sirvió unas copitas de un aguardiente casero que hacía en sus ratos libres y nos contó su vida curiosa y fabulosa, era hijo de madre soltera y decía creyéndolo con firmeza que era hijo de Poseidón. Laura escuchaba con respeto la vida que nos contaba, fabulaba sobre su vida, era un gran narrador entretenía y entusiasmaba si seguías su juego, Manuel en algunas cosas era como la Costa de la muerte, seductor e impredecible.
TEXTOS: PEDRO MAXIMIANO CASCOS
| Poseidón |
![]() |
| Sosiego |
Ubicación:
Camariñas, España
LA COSTA DE LA MUERTE (GALICIA)
CABO VILAN
Al final de un verano de trabajo en pleno Madrid, a los que son gallegos y a los que no, la morriña junto con el cansancio nos hace acto de presencia, demasiado presente. Mi amiga Laura que es gallega y a la que conocí sirviendo mesas en las terrazas, me invitó a conocer su tierra. El día que pisé por primera vez la Costa de la muerte, pensé que en un lugar tan bonito y apacible ese nombre poco podía encajar, lo comenté con Laura, y ella me empezó a narrar historias de marineros con trágico final. A medida que avanzaba la tarde y mientras aún paseábamos las nubes fueron poblando el cielo y el viento ganando en fuerza, el que avisa no es traidor me dijo Laura y aligerando el paso nos dirigimos a un faro cercano. Laura conocía al hombre encargado de aquel faro, se llamaba Manuel. Comenzaron a caer las primeras gotas, muy frías y desagradables, la puerta de la pequeña casa junto al faro se abrió, Manuel nos había visto llegar y hospitalariamente nos recibía. Era un hombre ya de sesenta años, alto y delgado, amable sin efusividades, pero que transmitía serenidad, buena cualidad para un ocasional anfitrión en medio de aquella tormenta que se avecinaba. Nos sirvió unas copitas de un aguardiente casero que hacía en sus ratos libres y nos contó su vida curiosa y fabulosa, era hijo de madre soltera y decía creyéndolo con firmeza que era hijo de Poseidón. Laura escuchaba con respeto la vida que nos contaba, fabulaba sobre su vida, era un gran narrador entretenía y entusiasmaba si seguías su juego, Manuel en algunas cosas era como la Costa de la muerte, seductor e impredecible.
TEXTOS: PEDRO MAXIMIANO CASCOS
Al final de un verano de trabajo en pleno Madrid, a los que son gallegos y a los que no, la morriña junto con el cansancio nos hace acto de presencia, demasiado presente. Mi amiga Laura que es gallega y a la que conocí sirviendo mesas en las terrazas, me invitó a conocer su tierra. El día que pisé por primera vez la Costa de la muerte, pensé que en un lugar tan bonito y apacible ese nombre poco podía encajar, lo comenté con Laura, y ella me empezó a narrar historias de marineros con trágico final. A medida que avanzaba la tarde y mientras aún paseábamos las nubes fueron poblando el cielo y el viento ganando en fuerza, el que avisa no es traidor me dijo Laura y aligerando el paso nos dirigimos a un faro cercano. Laura conocía al hombre encargado de aquel faro, se llamaba Manuel. Comenzaron a caer las primeras gotas, muy frías y desagradables, la puerta de la pequeña casa junto al faro se abrió, Manuel nos había visto llegar y hospitalariamente nos recibía. Era un hombre ya de sesenta años, alto y delgado, amable sin efusividades, pero que transmitía serenidad, buena cualidad para un ocasional anfitrión en medio de aquella tormenta que se avecinaba. Nos sirvió unas copitas de un aguardiente casero que hacía en sus ratos libres y nos contó su vida curiosa y fabulosa, era hijo de madre soltera y decía creyéndolo con firmeza que era hijo de Poseidón. Laura escuchaba con respeto la vida que nos contaba, fabulaba sobre su vida, era un gran narrador entretenía y entusiasmaba si seguías su juego, Manuel en algunas cosas era como la Costa de la muerte, seductor e impredecible.
TEXTOS: PEDRO MAXIMIANO CASCOS
| Poseidón |
![]() |
| Sosiego |
Ubicación:
Camariñas, España
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




