Mi agradecimiento a Jose Manuel Lopez y Anastasio Fernández García, por su amabilidad y por contar conmigo para la publicación de "Las grullas como recurso turistico en Extremadura".
(Düsseldorf-
La Moheda. Extremadura)
En mi peregrinaje en
pos de la grullas, buscando cazar la
foto perfecta que nunca llegará, me acompañó aquel día Jerónimo, que viene todos los años por estas fechas
desde Alemania, concretamente desde Düsseldorf, para llevar azucenas a las
tumbas de sus padres, fue una promesa que hizo a sus progenitores y que sólo su
propia muerte quebrará. Desde hace tres años, me acompaña a ver las grullas a
la Moheda, le impresionaron la primera vez que las vio.
-Se parecen a mí y a
otra mucha gente. Dijo sin dejar de mirar el vuelo de estas aves migratorias,
con la voz embargada por la emoción, supuse lo que pasaba por su cabeza pero no
me atreví a preguntar.
Seguimos caminando y
haciendo un alto en el camino, preparé mi cámara fotográfica y un llamativo
teleobjetivo, a Jerónimo le parecía demasiado aparatoso todo aquello.
-No irás a asustar a
las grullas con eso, da más miedo que un rifle.
Me dispuse a poner en
práctica mi escasos conocimientos como fotógrafo y ornitólogo con más
entusiasmo que aciertos, pero que he aprendido a disfrutar de mis errores. Un clic, dos, tres… disparé hasta que note el
cansancio del brazo, recordé que al día siguiente tenía cita con la
fisioterapeuta y con mi dichoso codo.
-Ya te has cansao,
joven.
-Es el codo.
-Pues sí que estás
descompuesto con lo pocos años que tienes. A Jerónimo le gustaba picarme y
echarme por cara la buena salud que tenía, en Alemania participaba en carreras
populares y había hecho un par de maratones.
-Soy como las grullas,
no nos cansamos de andar o volar en busca de poder comer, no nos asusta ni el
hambre ni el frío. Cuando llegué por primera vez a Alemania, era como cualquier
pájaro de estos, un emigrante que busca lo que cree es justo.
Así era Jerónimo,
honesto, terco y leal a su palabra. Me miró cuando íbamos en el coche de vuelta
al pueblo.
-¿Me prometes una cosa?
No dije nada, pero
afirmé con la barbilla.
-Cuando muera, llévame
azucenas a mi tumba.
-¿A Alemania?
-No, el sueño eterno lo
quiero aquí, cerca de los míos y de las grullas.
Texto: Pedro Maximiano Cascos


