-¿Qué es eso, Papá?. Preguntó mi hijo.
-Eso es el cerro Masatrigo.
Por un momento se quedó callado, mientras mi padre le tomaba de su manita e intentaba conducir sus pasos.
-Es un cerro de origen volcánico. Dijo mi padre. -Al menos eso es lo que oído siempre.
-Creo que no hay fundamentos necesarios para afirmarlo. Por mi parte como siempre empeñado en llevar la contraria.
-No me tuerzas la camella,hijo. Mi padre hasta parecía enfadarse, lo hacía realmente bien. Mi hijo miraba hacia arriba a su abuelo con cara de sorpresa y de repente comenzó a hablar con fuerza y decisión.
-Pues eso es, que era un volcán viejo donde llegaron los duendes y apagaron el fuego y se quedaron a vivir dentro.
Pues ni más ni menos, mi hijo había hablado y sentado cátedra a su tierna edad, además de zanjar posibles tontas disputas. Él si que es un duende con la imaginación acelerada. Que nadie te eche el freno, hijo.
Texto: Pedro Maximiano Cascos
Foto: Ana Manotas Cascos
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