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miércoles, 19 de septiembre de 2012

DIOSES DE ANTAÑO

Me vais a perdonar que no entre mucho en vuestros blog, pero estoy haciendo un curso de Photoshop de 5 horas diaria, y claro con el trabajo y el curso no me deja tiempo. Pronto volveré a visitar vuestros blog. Un fuerte abrazo a todos.


¿Quiénes somos?, ¿a dónde vamos?, ¿de dónde venimos?. Eternas preguntas que vienen de lejos y cuyas respuestas va para un largo rato. Son preguntas que vamos heredando, como un enigma que no sabemos que generación resolverá. La religión ha intentado dar una respuesta a esas preguntas, antes de la llegada del cristianismo, los dioses paganos representaban todos esos deseos y anhelos, tales como la fuerza, la fertilidad, el valor ....o una rebosante primavera que alegrará la vida de quienes poblaban la tierra y diese esperanzas de una vida mejor. ¿Se imaginan en tiempos de muy antaño, ante una inmensa tormenta, cuando el cielo parece que se va a caer sobre sus cabezas?, cuando no se conocía la escritura, y la humanidad erraba de un lado a otro, buscando comprender cuanto la rodeaba. ¿Y quiénes nos asegura, pese a nuestra acomodada vida, nos seguimos errando?, ¿habrá dioses que bajen de sus alturas a dar respuestas a nuestras preguntas?.

Texo: Pedro Maximiano Cascos
Foto: Ana Manotas Cascos




viernes, 6 de enero de 2012

LAS ABARCAS DESIERTAS


Mi deseo es que ningún niño se haya quedado sin un regalo el día de
Reyes, pero nunca viene mal recordar estos versos. Feliz día de Reyes.

Por el cinco de enero,
cada enero ponía
mi calzado cabrero
a la ventana fría.

Y encontraban los días,
que derriban las puertas,
mis abarcas vacías,
mis abarcas desiertas.

Nunca tuve zapatos,
ni trajes, ni palabras:
siempre tuve regatos,
siempre penas y cabras.

Me vistió la pobreza,
me lamió el cuerpo el río,
y del pie a la cabeza
pasto fui del rocío.

Por el cinco de enero,
para el seis, yo quería
que fuera el mundo entero
una juguetería.

Y al andar la alborada
removiendo las huertas,
mis abarcas sin nada,
mis abarcas desiertas.

Ningún rey coronado
tuvo pie, tuvo gana
para ver el calzado
de mi pobre ventana.

Toda la gente de trono,
toda gente de botas
se rió con encono
de mis abarcas rotas.

Rabié de llanto, hasta
cubrir de sal mi piel,
por un mundo de pasta
y un mundo de miel.

Por el cinco de enero,
de la majada mía
mi calzado cabrero
a la escarcha salía.

Y hacia el seis, mis miradas
hallaban en sus puertas
mis abarcas heladas,
mis abarcas desiertas.


Miguel Hernandez