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miércoles, 1 de julio de 2015

Juego de niños II


Jugar para un niño es la posibilidad de recortar un trocito de mundo y manipularlo, sólo o acompañado de amigos, sabiendo que donde no pueda llegar lo puede inventar. Así define el juego, el juego libre que es la verdadera necesidad del niño.
Francesco Tonucci






viernes, 26 de junio de 2015

Tocata y fuga de primavera (Serie movimiento)

Yo fui.
Columna ardiente, luna de primavera.
Mar dorado, ojos grandes.

Busqué lo que pensaba;
pensé, como al amanecer en sueño lánguido,
lo que pinta el deseo en días adolescentes.
Canté, subí,
fui luz un día
arrastrado en la llama.

Como un golpe de viento
que deshace la sombra,
caí en lo negro,
en el mundo insaciable.

He sido.

Luis Cernuda


viernes, 12 de junio de 2015

Mirando el genero (Serie Mercados)

"Yo había entrado en ese mercado miles de veces de la mano de mi madre, casi siempre por la puerta lateral, que era la más cercana a nuestra casa. Había caminado junto a ella entre los puestos de fruta y verdura, de las pescaderías, de las carnicerías, de los puestos donde vendían las vísceras de los animales, los hígados, los corazones, las tripas, donde cuando era pequeño todavía vendían
carne de caballo, escuchando las voces de los que pregonaban su mercancía y hacían que el edificio entero fuera como una enorme caja de resonancia, las de las mujeres que discutían con los de los puestos porque ese pescado no parecía muy fresco o porque les había colado una manzana tocada o porque las judías blancas que se llevaron la última vez tenían bichos" 

Texto extraído de la novela “Apaches de Miguel Sáez Carral”



viernes, 29 de mayo de 2015

A la espera


“Ciega de aquel furor que me acometió como una instigación del demonio, dejé en el suelo la bandeja vacía, metí la mano bajo el escapulario, saqué un alfiler muy gordo y largo, de cabeza negra, que llevar conmigo solía, y cogiéndolo con disimulo, y llegándome bonitamente al fraile, se lo clavé en la nalga con presteza y saña, metiéndoselo hasta la cabeza… Hija, el grito que soltó Su Paternidad, y el respingo que dio, saltando del banco y echándose mano a la parte dolorida fueron tales, que al primer momento todas las monjas soltaron la risa… Bufaba el fraile; yo salí huyendo avergonzada, y aquello fue un escándalo, una tragedia… Luego me contaron que el Rey se había reído, y consolaba al Padre diciéndole que el alfilerazo no había sido más que una broma, y que sin duda mi intención no fue irme tan a fondo… [...] En esto me llamó Patrocinio a su celda y hablamos lo que voy a contarte: “Yo me someto a todo lo que Su Caridad determine –le dije-, menos a que me lleven a una casa de Orates, pues aunque parezca loca no lo soy. El clavarle el alfiler al Padre confesor fue una travesura… Él nos había dicho que el dolor es muy bueno y que debe regocijarnos. Tuve la mala idea de causarle dolor para que se regocijara… Pero no volveré a jugar con alfileres; yo se lo prometo a Su Caridad”.

"Los duendes de la camarilla". Benito Pérez Galdós. Episodio 33º.



jueves, 21 de mayo de 2015

LA MARIONETA

Si por un instante Dios se olvidara
de que soy una marioneta de trapo
y me regalara un trozo de vida,
posiblemente no diría todo lo que pienso,
pero en definitiva pensaría todo lo que digo.
Daría valor a las cosas, no por lo que valen,
sino por lo que significan.
Dormiría poco, soñaría más,
entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos,
perdemos sesenta segundos de luz.
Andaría cuando los demás se detienen,
Despertaría cuando los demás duermen.
Escucharía cuando los demás hablan,
y cómo disfrutaría de un buen helado de chocolate.
Si Dios me obsequiara un trozo de vida,
Vestiría sencillo, me tiraría de bruces al sol,
dejando descubierto, no solamente mi cuerpo sino mi alma.
Dios mío, si yo tuviera un corazón,
escribiría mi odio sobre hielo,
y esperaría a que saliera el sol.
Pintaría con un sueño de Van Gogh
sobre las estrellas un poema de Benedetti,
y una canción de Serrat sería la serenata
que les ofrecería a la luna.
Regaría con lágrimas las rosas,
para sentir el dolor de sus espinas,
y el encarnado beso de sus pétalo...
Dios mío, si yo tuviera un trozo de vida...
No dejaría pasar un solo día
sin decirle a la gente que quiero, que la quiero.
Convencería a cada mujer u hombre de que son mis favoritos
y viviría enamorado del amor.
A los hombres les probaría cuán equivocados están,
al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen,
sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse.
A un niño le daría alas,
pero le dejaría que él solo aprendiese a volar.
A los viejos les enseñaría que la muerte
no llega con la vejez sino con el olvido.
Tantas cosas he aprendido de ustedes, los hombres
He aprendido que todo el mundo quiere vivir
en la cima de la montaña,
Sin saber que la verdadera felicidad está
en la forma de subir la escarpada.
He aprendido que cuando un recién nacido
aprieta con su pequeño puño,
por vez primera, el dedo de su padre,
lo tiene atrapado por siempre.
He aprendido que un hombre
sólo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo,
cuando ha de ayudarle a levantarse.
Son tantas cosas las que he podido aprender de ustedes,
pero realmente de mucho no habrán de servir,
porque cuando me guarden dentro de esa maleta,
infelizmente me estaré muriendo.
Gabriel García Márquez





martes, 12 de mayo de 2015

El atardecer de la vida

Sobre las cumbres

hay paz,

en las copas de los árboles

apenas puedes

percibir un aliento,

los pajarillos han enmudecido en el bosque.

Espera, pronto

descansarás tú también.

Goethe


martes, 5 de mayo de 2015

El tren embrujado.

El tren embrujado.

Dice la leyenda que si te sitúas en cualquier estación de la línea 5 del suburbano madrileño y dejas pasar los trenes, el décimo en pasar es el denominado tren embrujado. Al acercarse a la estación, en lugar de escuchar el estruendo propio del tren se oyen lamentos. Las luces se apagan en la estación y surge espectralmente un tren siniestro cuyos viajeros son almas en pena que vagan en la eternidad. No hay conductor, sólo una bruja con una gran verruga en la nariz que te saluda desde su cabina. Si entras dentro de ese fantasmal tren, es posible que nunca más vuelvas a ver la luz.
Es una solemne tontería, nadie lo cree, por supuesto, pero me jugaría una cena a que ninguno de ustedes sería capaz de esperar en un anden a ese décimo tren.
Puede que los más incrédulos lo intentaran, pero al sexto tren seguramente se sentirían estúpidos y desistirían en probar algo que su racional mente tacha de imposible.
Por otro lado los más creyentes y a su vez asustadizos, puede que aguantaran hasta el noveno tren, pero al marchar éste, saldrían corriendo del pánico, sólo por pensar que les aguarda el mágico tren y que la leyenda puede ser realidad.
La persona que me contó esto hace tiempo que esperó al décimo tren y en efecto, la leyenda se hizo realidad. Todas las noches se aparece en mis sueños y me cuenta cómo se vive en el otro lado, en completa oscuridad.

Asombrosas leyendas urbanas del Metro de Madrid









viernes, 24 de abril de 2015

Algo por contar


            Sin rumbo fijo, paseando por El Retiro, pensé en encontrar el norte. Bajaba entonces la cuesta de Moyano, me detuve a ver los libros de un caseta, atraído irremediablemente. Era un día plomizo, de los que sientes que avanzas a trompicones y que de un momento a otro estás a punto de caer. Mi ojos de detuvieron en la portada de un ejemplar de Novelas Ilustradas, adaptaciones a comics de clásicos de la literatura, por un momento volví a la infancia, en otra tarde plomiza, al calor del brasero en la casa del pueblo, y fuera en la calle, un cielo gris, de panza de burro que se diría. Mientras por mi parte viajaba a Rusia con misión encomendada junto a Miguel Strogoff

Texto: Pedro Maximiano Cascos



jueves, 16 de abril de 2015

Las Manos

La mano es la herramienta del alma, su mensaje,
y el cuerpo tiene en ella su rama combatiente.
Alzad, moved las manos en un gran oleaje,
hombres de mi simiente.
Miguel Hernandez (Las manos)



sábado, 11 de abril de 2015

Atardecer

Siento mi corazón en la dulzura
fundirse como ceras:
son un óleo tardo
y no un vino mis venas,
y siento que mi vida se va huyendo
callada y dulce como la gacela.

 Atardecer (Gabriela Mistral-Atardecer)