Seguidores

jueves, 21 de mayo de 2015

LA MARIONETA

Si por un instante Dios se olvidara
de que soy una marioneta de trapo
y me regalara un trozo de vida,
posiblemente no diría todo lo que pienso,
pero en definitiva pensaría todo lo que digo.
Daría valor a las cosas, no por lo que valen,
sino por lo que significan.
Dormiría poco, soñaría más,
entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos,
perdemos sesenta segundos de luz.
Andaría cuando los demás se detienen,
Despertaría cuando los demás duermen.
Escucharía cuando los demás hablan,
y cómo disfrutaría de un buen helado de chocolate.
Si Dios me obsequiara un trozo de vida,
Vestiría sencillo, me tiraría de bruces al sol,
dejando descubierto, no solamente mi cuerpo sino mi alma.
Dios mío, si yo tuviera un corazón,
escribiría mi odio sobre hielo,
y esperaría a que saliera el sol.
Pintaría con un sueño de Van Gogh
sobre las estrellas un poema de Benedetti,
y una canción de Serrat sería la serenata
que les ofrecería a la luna.
Regaría con lágrimas las rosas,
para sentir el dolor de sus espinas,
y el encarnado beso de sus pétalo...
Dios mío, si yo tuviera un trozo de vida...
No dejaría pasar un solo día
sin decirle a la gente que quiero, que la quiero.
Convencería a cada mujer u hombre de que son mis favoritos
y viviría enamorado del amor.
A los hombres les probaría cuán equivocados están,
al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen,
sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse.
A un niño le daría alas,
pero le dejaría que él solo aprendiese a volar.
A los viejos les enseñaría que la muerte
no llega con la vejez sino con el olvido.
Tantas cosas he aprendido de ustedes, los hombres
He aprendido que todo el mundo quiere vivir
en la cima de la montaña,
Sin saber que la verdadera felicidad está
en la forma de subir la escarpada.
He aprendido que cuando un recién nacido
aprieta con su pequeño puño,
por vez primera, el dedo de su padre,
lo tiene atrapado por siempre.
He aprendido que un hombre
sólo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo,
cuando ha de ayudarle a levantarse.
Son tantas cosas las que he podido aprender de ustedes,
pero realmente de mucho no habrán de servir,
porque cuando me guarden dentro de esa maleta,
infelizmente me estaré muriendo.
Gabriel García Márquez





martes, 12 de mayo de 2015

El atardecer de la vida

Sobre las cumbres

hay paz,

en las copas de los árboles

apenas puedes

percibir un aliento,

los pajarillos han enmudecido en el bosque.

Espera, pronto

descansarás tú también.

Goethe


martes, 5 de mayo de 2015

El tren embrujado.

El tren embrujado.

Dice la leyenda que si te sitúas en cualquier estación de la línea 5 del suburbano madrileño y dejas pasar los trenes, el décimo en pasar es el denominado tren embrujado. Al acercarse a la estación, en lugar de escuchar el estruendo propio del tren se oyen lamentos. Las luces se apagan en la estación y surge espectralmente un tren siniestro cuyos viajeros son almas en pena que vagan en la eternidad. No hay conductor, sólo una bruja con una gran verruga en la nariz que te saluda desde su cabina. Si entras dentro de ese fantasmal tren, es posible que nunca más vuelvas a ver la luz.
Es una solemne tontería, nadie lo cree, por supuesto, pero me jugaría una cena a que ninguno de ustedes sería capaz de esperar en un anden a ese décimo tren.
Puede que los más incrédulos lo intentaran, pero al sexto tren seguramente se sentirían estúpidos y desistirían en probar algo que su racional mente tacha de imposible.
Por otro lado los más creyentes y a su vez asustadizos, puede que aguantaran hasta el noveno tren, pero al marchar éste, saldrían corriendo del pánico, sólo por pensar que les aguarda el mágico tren y que la leyenda puede ser realidad.
La persona que me contó esto hace tiempo que esperó al décimo tren y en efecto, la leyenda se hizo realidad. Todas las noches se aparece en mis sueños y me cuenta cómo se vive en el otro lado, en completa oscuridad.

Asombrosas leyendas urbanas del Metro de Madrid









viernes, 24 de abril de 2015

Algo por contar


            Sin rumbo fijo, paseando por El Retiro, pensé en encontrar el norte. Bajaba entonces la cuesta de Moyano, me detuve a ver los libros de un caseta, atraído irremediablemente. Era un día plomizo, de los que sientes que avanzas a trompicones y que de un momento a otro estás a punto de caer. Mi ojos de detuvieron en la portada de un ejemplar de Novelas Ilustradas, adaptaciones a comics de clásicos de la literatura, por un momento volví a la infancia, en otra tarde plomiza, al calor del brasero en la casa del pueblo, y fuera en la calle, un cielo gris, de panza de burro que se diría. Mientras por mi parte viajaba a Rusia con misión encomendada junto a Miguel Strogoff

Texto: Pedro Maximiano Cascos



jueves, 16 de abril de 2015

Las Manos

La mano es la herramienta del alma, su mensaje,
y el cuerpo tiene en ella su rama combatiente.
Alzad, moved las manos en un gran oleaje,
hombres de mi simiente.
Miguel Hernandez (Las manos)



sábado, 11 de abril de 2015

Atardecer

Siento mi corazón en la dulzura
fundirse como ceras:
son un óleo tardo
y no un vino mis venas,
y siento que mi vida se va huyendo
callada y dulce como la gacela.

 Atardecer (Gabriela Mistral-Atardecer)




sábado, 21 de marzo de 2015

Una tarde en el museo


             Busco tu suma, el borde de la copa donde el vino es también la luna y el espejo, busco esa línea que hace temblar a un hombre en una galería de museo. Además te quiero, y hace tiempo y frío.

Julio Cortázar







jueves, 12 de marzo de 2015

Alegría de vivir (Homenaje a Francisco Santander)

Esta a punto de cumplirse un mes de la muerte de nuestro querido amigo Francisco Santander, para el este pequeño homenaje.
Estes donde estés Paco, estoy va por ti. 

               Comienza nuestra ruta natural como una historia desconocida, en la que por mucho que nos empeñemos en escribirla siempre nos aparecen los renglones torcidos. Pero aunque no nos acompañe la caligrafía, siempre se puede disfrutar de la historia que va aconteciendo en el camino incierto, de la belleza para quien permanece atento en el justo momento. Ese preciso instante donde brota y mana como si de salvaje manantial se tratara la alegría de vivir. Ese preciso instante que es atrapado por una cámara de fotos y la mirada de quien dispara la cámara. Vendrán los días venideros, iremos pasando páginas escritas y más o menos emborronadas, que cuando eran hojeadas estaban en blanco. Para quien hace fotos, tal vez no haya un mayor placer que el transmitir esa emoción que sintió al hacer la foto, que el saber que alguien que conceda un mínimo de tiempo al contemplar su trabajo sienta lo mismo que quien lo realizó, dejar como su mejor legado una transmisión de emociones. Y si esa emoción es alegría, mejor. En medio de tanta sinrazón, ansiedad, tormentas, horizontes que mueren…en medio de un inmenso estercolero una joya de brillo que no ciega, pero llena de gozo.

Texto: Pedro Maximiano Cascos


jueves, 5 de marzo de 2015

LO FURTIVO

La noche siempre ha sido cobijo para lo prohibido, lo furtivo, aquello que nos puede pesar sobre las conciencias. Esto fue lo que pensó Pedro A.( No me está permitido dar más datos), por entonces un joven de 18 años, largo y flexible como los juncos, casi imberbe y con la tez oscura, dorada por el sol de La Serena. En una noche de verano, enloquecido por la rabia mató a quien tanto quería, sólo hubo un testigo, su propia madre que asistió como espectador mudo a tan horrible escena, después su hijo huyó al monte, anduvo toda la noche bajo el amparo de la luna, regresó de mañana, justo para ver como su madre era llevada detenida por el asesinato de su marido. Miró al hijo.
-No tardo mucho hijo. Te he dejao la merienda en la sartén.
La madre salió de la cárcel a los no muchos años, por buen comportamiento. Llegó a casa con un maleta de madera, entró sin llamar, su hijo estaba allí, parecía que esperando.
-Cómo que has tardao tanto, creí que me volvía loco.
-Tú no necesitas de la locura. Respondió su madre.
Ahora Pedro A. vive como un hombre casado, trabaja como funcionario y hasta ahí me permiten contar.

Texto: Pedro Maximiano Cascos