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lunes, 31 de agosto de 2015

LA CURVA DE LA LÍNEA RECTA


“Si vuelvo la vista atrás, lo veo todo desenfocado” Así me contaba Errol Eisner, un norteamericano de Oregón, afincado en el barrio de Argüelles desde hacía casi veinte años. Era un hombre de cuerpo firme que producía una sombra lánguida. Y cada día de la semana tenía una manera distinta de caminar, la de los jueves era la que más me gustaba. Me recordaba a mi hermano mayor, fallecido hacía unos años en el fragor de su particular batalla. Aquel jueves de otoño habíamos quedado para pasear por el Retiro, él lo llamaba “desrumbear” que era caminar sin destino y sin ganas de volver a casa. Porque él siempre decía que tenía una casa, no un hogar. Tras más de dos horas de caminar pausado, nos encontramos ante dos árboles, uno recto, el otro torcido. Se paró quieto, firme y solemne como un creyente ante Cristo o la Virgen. Murmuraba entre dientes y parecía que oraba.

-Lo que es la vida, estos dos árboles parecemos mi hermano y yo cuando teníamos diecisiete años. Mi hermano siguió su línea recta y yo tomé la curva y me torcí. Él siguió la línea recta, recibió premios, halagos, pero en la velocidad de la línea recta se estampó contra el muro. Yo, he seguido torcido, acostumbrándome a las curvas y sigo en pie.

Me miró y con ademán de su mano me indicó que siguiéramos “desrumbeando”.

Texto: Pedro Maximiano Cascos


lunes, 24 de agosto de 2015

Extremeños carabacheleros (El arado y el hormigón)

Mi Barrio
CARABANCHEL ALTO

Extremeños caranbacheleros. ( El arado y el hormigón).

(Una de mis primeras entradas cuando cree el  blog fue esta, tengo ganas de ir recuperando algunas de mis primeras entradas).

Sin que se pueda llamar propiamente una diáspora o éxodo, la llegada de emigrantes extremeños hace ya algunos años a otros lugares de España, fué lo bastante significativa como para que hoy, en una sociedad tan mestiza como se avecina ,hablar sin aspavientos ni regionalismo o nacionalismos sacados de la manga de lo que supuso ello, para una generación de gente, los descendientes de esos muchas veces obligados y mal llamados en ocasiones, desertores del arado. Pongamos que hablo de mí y de Caranbanchel alto, cuando llegué en las cercanías del barrio había ovejas y cabras, en principio no era tan distinto del pueblo, pero si tu mirada se dirigía al norte, desde la altitud del barrio, veías y presentías el coloso que era Madrid, la ciudad era como el monstruo que todo lo devora para un infante perdido, con los años perdí el miedo a ese monstruo y comencé a quererlo.Pero mi primer amor en tierras madrileñas fué el barrio. Carabanchel alto era casi un pueblo por entonces y yo, como los demás que compartían situación conmigo, éramos extrañas plantas, que con raíces en una tierra, brotábamos y echamos tallos y hojas en otra tierra, una tierra este barrio de Carabanchel alto que resultó, por raro que parezca una madrasta acogedora.

Pedro Maximiano Cascos







viernes, 7 de agosto de 2015

Que cruz ser tan guapo



La belleza no hace feliz al que la posee, sino a quien puede amarla y adorarla. 

(Hermann Hesse)











domingo, 2 de agosto de 2015

Mar distante

Mar distante

Si no es el mar, sí es su imagen,
su estampa, vuelta, en el cielo.
Si no es el mar, sí es su voz
delgada,
a través del ancho mundo,
en altavoz, por los aires.
Si no es el mar, sí es su nombre
es un idioma sin labios,
sin pueblo,
sin más palabra que ésta:
mar.
Si no es el mar, sí es su idea
de fuego, insondable, limpia;
y yo,
ardiendo, ahogándome en ella.

(Pedro Salinas)

Costa la Morte (Playa Reira, entre Camariñas y Camelle)

jueves, 23 de julio de 2015

El bosque transhumante


“Amaia sentía en aquel bosque presencias tan palpables que resultaba fácil aceptar una cultura druida, un poder del árbol por encima del hombre, y evocar el tiempo en que en aquellos lugares y en todo el valle la comunión entre seres mágicos y humanos fue religión.”

Dolores Redondo (Libro: El guardián invisible)

 



miércoles, 8 de julio de 2015

¿Qué esconden los bosques?


«El bosque siempre le producía un secreto orgullo de pertenencia, aunque su grandiosidad también le provocaba temor y vértigo. Sabía que lo amaba, pero el suyo era un amor reverente y casto que alimentaba en silencio y en la distancia.»

El guardian invisible (Dolores Redondo)


miércoles, 1 de julio de 2015

Juego de niños II


Jugar para un niño es la posibilidad de recortar un trocito de mundo y manipularlo, sólo o acompañado de amigos, sabiendo que donde no pueda llegar lo puede inventar. Así define el juego, el juego libre que es la verdadera necesidad del niño.
Francesco Tonucci






viernes, 26 de junio de 2015

Tocata y fuga de primavera (Serie movimiento)

Yo fui.
Columna ardiente, luna de primavera.
Mar dorado, ojos grandes.

Busqué lo que pensaba;
pensé, como al amanecer en sueño lánguido,
lo que pinta el deseo en días adolescentes.
Canté, subí,
fui luz un día
arrastrado en la llama.

Como un golpe de viento
que deshace la sombra,
caí en lo negro,
en el mundo insaciable.

He sido.

Luis Cernuda


viernes, 12 de junio de 2015

Mirando el genero (Serie Mercados)

"Yo había entrado en ese mercado miles de veces de la mano de mi madre, casi siempre por la puerta lateral, que era la más cercana a nuestra casa. Había caminado junto a ella entre los puestos de fruta y verdura, de las pescaderías, de las carnicerías, de los puestos donde vendían las vísceras de los animales, los hígados, los corazones, las tripas, donde cuando era pequeño todavía vendían
carne de caballo, escuchando las voces de los que pregonaban su mercancía y hacían que el edificio entero fuera como una enorme caja de resonancia, las de las mujeres que discutían con los de los puestos porque ese pescado no parecía muy fresco o porque les había colado una manzana tocada o porque las judías blancas que se llevaron la última vez tenían bichos" 

Texto extraído de la novela “Apaches de Miguel Sáez Carral”



viernes, 29 de mayo de 2015

A la espera


“Ciega de aquel furor que me acometió como una instigación del demonio, dejé en el suelo la bandeja vacía, metí la mano bajo el escapulario, saqué un alfiler muy gordo y largo, de cabeza negra, que llevar conmigo solía, y cogiéndolo con disimulo, y llegándome bonitamente al fraile, se lo clavé en la nalga con presteza y saña, metiéndoselo hasta la cabeza… Hija, el grito que soltó Su Paternidad, y el respingo que dio, saltando del banco y echándose mano a la parte dolorida fueron tales, que al primer momento todas las monjas soltaron la risa… Bufaba el fraile; yo salí huyendo avergonzada, y aquello fue un escándalo, una tragedia… Luego me contaron que el Rey se había reído, y consolaba al Padre diciéndole que el alfilerazo no había sido más que una broma, y que sin duda mi intención no fue irme tan a fondo… [...] En esto me llamó Patrocinio a su celda y hablamos lo que voy a contarte: “Yo me someto a todo lo que Su Caridad determine –le dije-, menos a que me lleven a una casa de Orates, pues aunque parezca loca no lo soy. El clavarle el alfiler al Padre confesor fue una travesura… Él nos había dicho que el dolor es muy bueno y que debe regocijarnos. Tuve la mala idea de causarle dolor para que se regocijara… Pero no volveré a jugar con alfileres; yo se lo prometo a Su Caridad”.

"Los duendes de la camarilla". Benito Pérez Galdós. Episodio 33º.



jueves, 21 de mayo de 2015

LA MARIONETA

Si por un instante Dios se olvidara
de que soy una marioneta de trapo
y me regalara un trozo de vida,
posiblemente no diría todo lo que pienso,
pero en definitiva pensaría todo lo que digo.
Daría valor a las cosas, no por lo que valen,
sino por lo que significan.
Dormiría poco, soñaría más,
entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos,
perdemos sesenta segundos de luz.
Andaría cuando los demás se detienen,
Despertaría cuando los demás duermen.
Escucharía cuando los demás hablan,
y cómo disfrutaría de un buen helado de chocolate.
Si Dios me obsequiara un trozo de vida,
Vestiría sencillo, me tiraría de bruces al sol,
dejando descubierto, no solamente mi cuerpo sino mi alma.
Dios mío, si yo tuviera un corazón,
escribiría mi odio sobre hielo,
y esperaría a que saliera el sol.
Pintaría con un sueño de Van Gogh
sobre las estrellas un poema de Benedetti,
y una canción de Serrat sería la serenata
que les ofrecería a la luna.
Regaría con lágrimas las rosas,
para sentir el dolor de sus espinas,
y el encarnado beso de sus pétalo...
Dios mío, si yo tuviera un trozo de vida...
No dejaría pasar un solo día
sin decirle a la gente que quiero, que la quiero.
Convencería a cada mujer u hombre de que son mis favoritos
y viviría enamorado del amor.
A los hombres les probaría cuán equivocados están,
al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen,
sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse.
A un niño le daría alas,
pero le dejaría que él solo aprendiese a volar.
A los viejos les enseñaría que la muerte
no llega con la vejez sino con el olvido.
Tantas cosas he aprendido de ustedes, los hombres
He aprendido que todo el mundo quiere vivir
en la cima de la montaña,
Sin saber que la verdadera felicidad está
en la forma de subir la escarpada.
He aprendido que cuando un recién nacido
aprieta con su pequeño puño,
por vez primera, el dedo de su padre,
lo tiene atrapado por siempre.
He aprendido que un hombre
sólo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo,
cuando ha de ayudarle a levantarse.
Son tantas cosas las que he podido aprender de ustedes,
pero realmente de mucho no habrán de servir,
porque cuando me guarden dentro de esa maleta,
infelizmente me estaré muriendo.
Gabriel García Márquez