La última
noche había soñado que salía de casa, sin que nadie lo viera. Era noche de
verano, con un calor plomizo, y sin darse cuenta caminaba cerca de la aguas del
Guadiana. Alzó la mirada y allí estaba, arriba del cerro, el castillo que
parecía nuevo como si lo hubiesen reparado. Ahora caminaba por el puente
romano, todo el pueblo de Medellín estaba en silencio y el calor de la noche se
mantenía con firmeza. En el castillo se parecía oír un murmullo, similar al
agua del río Guadiana en la quietud de la noche. Alguien estaba detrás de él y
no se había dado cuenta, se giró y vio a una persona, no sabría decir si hombre
o mujer. No tuvo miedo. Esta persona tomó su mano y sin saber por donde,
apareció en un pasillo donde fue´recibido por familiares y amigos a los que
hacía años no veía.
-¿Me están
esperando?
En
ese momento despertó y salió a la calle a pasear por el puente romano, lo cruzó
rápido sin mirar al castillo y nadie en su camino.
Texto: Pedro Maximiliano Cascos
Fotos: Ana Manotas Cascos









