“Yo había entrado en ese mercado miles de veces de la mano de mi madre, casi siempre por la puerta lateral, que era la más cercana a nuestra casa. Había caminado junto a ella entre los puestos de fruta y verdura, de las pescaderías, de las carnicerías, de los puestos donde vendían las vísceras de los animales, los hígados, los corazones, las tripas, donde cuando era pequeño todavía vendían carne de caballo, escuchando las voces de los que pregonaban su mercancía y hacían que el edificio entero fuera como una enorme caja de resonancia, las de las mujeres que discutían con los de los puestos porque ese pescado no parecía muy fresco o porque les había colado una manzana tocada o porque las judías blancas que se llevaron la última vez tenían bichos”
Texto extraído de la novela “Apaches de Miguel Sáez Carral”



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